Slobodan Milosevic
Slobodan Milosevic fue el primer ex jefe de Estado en comparecer ante un tribunal internacional. Ha sido el proceso más importante por crímenes de guerra en Europa después de Nüremberg. El ex líder serbio estaba acusado de genocidio y crímenes contra la humanidad por su papel en los conflictos de Bosnia (1992-1995), Croacia (1991-1995) y Kosovo (1998-1999), que desgarraron los Balcanes en la década de los 90. Según la acusación, su objetivo en estos tres conflictos era único: crear una ‘Gran Serbia’ que congregara en un solo Estado a todos los serbios de la antigua Yugoslavia.
Su muerte, el 11 de marzo de 2006, ha obligado a cerrar el proceso antes de que se dictara sentencia.
Textos e imágenes tomado de un reportaje especial en El Mundo.
Por MÓNICA G. PRIETO
«No conozco a nadie que mienta con tanta desenvoltura y sangre fría». Esta frase del ex embajador de Estados Unidos en Belgrado, Warren Zimmermann, describe breve y certeramente al hombre que provocó la desintegración de Yugoslavia a sangre y fuego, que permitió un retroceso de siglos en Serbia y que se aferró al poder con los usos de un maniático a pesar de las erráticas maniobras de Occidente.
Nacido en 1941 en Pozarevac, en Serbia, Slobodan Milosevic —más conocido como ‘Slobo’— forjó su carrera mediante la manipulación, las mentiras y una silenciosa pero desmedida ambición de poder. Tras culminar sus estudios de Derecho, su mentor político, profesor y presidente de la República Serbia en la década de los 80, Ivan Stambolic, le impulsó al Partido Comunista de Yugoslavia, desconociendo que sería devorado por su criatura. El tiempo le haría lamentarlo. Una vez que entregó al introvertido ‘Slobo’ el liderazgo del partido, éste apenas tardó meses en desplazarle del poder.
A principios de los 90, el populista ‘Slobo’ se ganó el apodo de «el carnicero de los Balcanes», iniciando la sangrienta desintegración de Yugoslavia. Nacionalista radical—inventó el lema «allá donde hay un solo serbio está Serbia»—-, exacerbó el larvado nacionalismo de su pueblo emprendiendo la espeluznante guerra en Bosnia, tres años de limpieza étnica con 250.000 civiles muertos, miles de desaparecidos y al menos 12.000 violaciones consumadas ante la permisiva actitud de Europa.
Para poner fin a la tragedia se negoció con Milosevic. Años después, en 1999, el silencioso ‘Slobo’ volvió a las andadas expulsando a los albaneses de Kosovo, una provincia con un 90% de población musulmana. Con la ambiciosa promesa de liquidar políticamente y de una vez a Milosevic, la OTAN atacó Belgrado durante cuatro meses, pero ‘Slobo’ no sólo se mantuvo al frente de la Presidencia, sino que logró cambiar la Constitución para poder permanecer en su ‘trono’.
Dicen quienes le conocían que carecía de amigos desde su infancia, que tenía un incomprensible concepto de la vida humana —sus padres se suicidaron cuando era un adolescente— y que su esposa, Mirjana, era la verdadera estratega de los genocidios que él puso en práctica. También se le describía como un mentiroso patológico y un encantador de serpientes. Por ello, no es de extrañar que el astuto ‘Slobo’ confiara en salir airoso de un proceso electoral en el que aparecía como el claro derrotado. Para él, el fin siempre ha justificado los medios.
El mismo pueblo que lo ensalzó lo derrocó. El 5 de octubre de 2000, resultó castigado en las urnas, pero él se negó a aceptarlo: el Tribunal Constitucional anuló las elecciones generales. La respuesta popular fue clara y contundente. Al día siguiente miles de personas asaltaron el Parlamento y lo prendieron fuego. Vojislav Kostunica subió al poder.
Pasaron ocho meses hasta que el nuevo gobierno yugoslavo decidió, a cambio de ayudas económicas de occidente, entregar a ‘Slobo’ al Tribunal Internacional para los crímenes de la antigua Yugoslavia. El 29 de junio de 2001, Milosevic ya durmió en una celda de La Haya. Desde entonces y hasta su muerte, ha estado inmerso en un jucio que no ha tenido veredicto.
Las 24 horas más largas en la vida de Slobodan Milosevic
Por RUBÉN AMÓN
Rumores, disparos, desmentidos, nostálgicos. Slobodan Milosevic resistió entre la tarde del viernes 30 de marzo de 2001 hasta la madrugada del domingo 1 de abril en el búnker de la calle Uzicka, custodiado por los militares acérrimos. La residencia perteneció al mariscal Tito, pero no sirvió de talismán al último de los dictadores yugoslavos. Estos fueron los detalles, los sobresaltos y los temores de una jornada para la Historia.
Viernes, 18.30 horas: la alarma. Los diputados del Partido Socialista abandonan el Parlamento al conocerse que la policía rodea la casa de Milosevic para intentar detenerlo. Los ministros del Interior y de Justicia niegan categóricamente la redada, pero las fuerzas de seguridad negocian con los guardaespaldas de ‘Slobo’ la hipótesis de una entrega negociada.
22.00 horas: la declaración. Cuatro vehículos todoterreno abandonan la residencia de ‘Slobo’ camino del subterráneo del Palacio de Justicia. Los rumores indican que Milosevic viaja dentro y que se lo han llevado unas horas para notificarle el arresto. Nadie consiguió verlo.
Sábado, 0.00 horas: la aparición mesiánica. Slobodan Milosevic comparece en el balcón de su casa feliz y sonriente. Tanto, que accede a bajar a la puerta principal de la residencia para agradecer el apoyo de los incondicionales. Sano, salvo y libre.
1.20 horas: el desahogo. Milosevic concede una entrevista a los micrófonos de la emisora Free-B-92, enemiga mortal en los años del régimen. Dice que está bien, tranquilo, «tomando un café con los amigos». «Me siento conmovido por el modo en que se han comportado mis seguidores», añade en estado de trance.
02.49 horas: el asalto. Diez policías especiales irrumpen de paisano en el jardín, pertrechados con fusiles de asalto y granadas. La guardia pretoriana de Milosevic abre fuego a discreción, mientras que los simpatizantes del tirano improvisan una avalancha. El combate se cobra tres heridos —dos agentes y un periodista—, pero el comando policial no logra tomar la casa ni ajustar las esposas al tirano. El Ejército despeja y acordona el barrio residencia de Dedinje.
6.00 horas: el Ejército leal. La noche transcurre con tranquilidad, pero el ministerio de Interior serbio descubre que la escolta de Milosevic no la constituyen unos guardaespaldas, sino un grupo de militares federales. Tienen armas, saben usarlas y han acatado las instrucciones dictadas por el viejo dictador: «No pienso irme vivo a la cárcel».
13.00 horas: el traidor. Las negociaciones se prolongan durante varias horas, sobre todo al conocerse que el jefe del Estado Mayor, Nebojsa Pavkovic, podría echar una mano a Milosevic. Están presentes los jerarcas socialistas y el ministro de Interior. Unos 200 nostálgicos desbordan el cordón de seguridad y consiguen ubicarse temporalmente en las puertas de la residencia.
15.00 horas: la cumbre. El presidente de Yugoslavia, Vojislav Kostunica, el primer ministro serbio, Zoran Djindjic, y el jefe del Estado Mayor debaten a puerta cerrada las opciones de una salida negociada. Es entonces cuando Gorica Gajevic, número dos de los socialistas, admite que Milosevic estaría dispuesto a entregarse siempre y cuando existan plenas garantías.
18.30 horas: la nostalgia. Son mayores, humildes, fieles. Un centenar de simpatizantes de ‘Slobo’ hace guardia a 300 metros de la residencia del ex presidente yugoslavo. Dicen que están dispuestos a dar la vida por él. Y lloran. Entre ellos, una belgradense de 70 años resignada a la suerte del padre de la patria: «Arriba Yugoslavia, arriba Milosevic», señala una pancarta escrita en bolígrafo.
19.30 horas: la resistencia. Los jóvenes del movimiento estudiantil Otpor (Resistencia) acuden a la vivienda del ex dictador y protagonizan enfrentamientos con los simpatizantes de Milosevic. La policía carga con fuerza contra los jóvenes y desaloja las inmediaciones de la vivienda.
Domingo, 04.30 horas: la detención. Milosevic acepta una rendición pactada y es conducido a prisión.
Por SONIA APARICIO
Genocidio, crímenes contra la humanidad, violaciones de la Convención de Ginebra y de las leyes o costumbres de guerra. Estos son los cargos que el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia imputaba a Slobodan Milosevic y cuatro de sus hombres más cercanos: el ex presidente serbio Milan Milutinovic, el ex vice primer ministro Nikola Sainovic, el ex jefe del ejército general Dragoljub Ojdanic, y el ex ministro del Interior serbio Vlajko Stojiljkovic.
Estos cuatro cargos englobaban numerosas y continuas atrocidades cometidas en los Balcanes en los años 90, según detallan las actas de acusación: persecuciones, exterminación, asesinato, matanza intencionada, confinamiento ilegal, encarcelamiento, tortura y actos inhumanos, deportación y transferencia forzosa, asesinato, tratamiento cruel, ataque a civiles, destrucción licenciosa y pillaje de la propiedad pública o privada.
La evolución del caso
El 24 de mayo de 1999, el ex dictador fue acusado formalmente por el TPI de organizar en Kosovo una campaña de limpieza étnica contra los albanokosovares entre enero y junio de 1999, que causó la muerte de cientos de personas y la deportación de otras 740.000. El acta de la acusación -que fue enmendada posteriormente en dos ocasiones, el 29 de junio y el 29 de octubre de 2001-, asegura que Milosevic “planificó, incitó a cometer, llevó a cabo, o ayudó y alentó una campaña de terror y violencia dirigida contra los civiles albaneses de Kosovo y la RFY”.
El 8 de octubre de 2001, fue oficialmente acusado por el TPIY de la limpieza étnica cometida en Croacia entre al menos el 1 de agosto de 1991 y junio de 1992. En ese periodo, las fuerzas serbias, de las que era el último responsable, acometieron una brutal campaña contra todos los habitantes que no eran serbios, según el acta de acusación.
Poco después, el 22 de noviembre, fue acusado también de genocidio -el delito más grave que juzga el Tribunal de La Haya, y que está castigado con la pena máxima de cadena perpetua- por los crímenes cometidos en Bosnia-Herzegovina entre 1992 y 1995.
El 1 de febrero 2002, la fiscal jefa del TPIY, la suiza Carla del Ponte, consiguió que la Sala de Apelaciones aceptara que las tres acusaciones se presentaran juntas en un solo juicio, para facilitar la declaración de testigos y agilizar el proceso. El juicio contra el dictador comenzó el 12 de febrero de 2002. Su muerte, el 11 de marzo de 2006, no ha permitido una sentencia. Tres días después, el TPIY cerraba oficialmente el proceso.
Slobodan Milosevic fue detenido y encarcelado en la prisión central de Belgrado el 1 de abril de 2001, en el marco de una instrucción ordenada por la justicia de Serbia por abusos de poder y malversación de fondos. El 28 de junio, fue extraditado a La Haya para responder ante el TPI de crímenes de guerra y contra la humanidad.
El 3 de julio de 2001, el ex dictador compareció por primera vez ante el TPI. Lo hizo sin abogados, por considerar que el tribunal de La Haya es un órgano “falso e ilegal” al no haber sido elegido por el Consejo General de la ONU. El ex líder serbio explicó ante los jueces que consideraba que estaba siendo juzgado por la OTAN y no por la ONU. El tribunal interpretó su postura como una declaración de “no culpable”.
En su segunda comparecencia, el 30 de agosto, apareció de nuevo sin abogados, y el juez le reconoció el derecho a ejercer su propia defensa. Volvió a comparecer ante el tribunal el 29 de octubre y el 11 de diciembre. En cada ocasión, se negó a nombrar abogado, insistió en la ilegalidad del tribunal y rechazó los cargos que se le imputan.
Desde que comenzó el juicio, el 12 de febrero de 2002, Milosevic estuvo asistido por tres juristas, los ‘amicus curiae’, que no le representaban, pero que le prestaban apoyo técnico. Uno de los ejes de la estrategia de defensa que Milosevic fue que él y el entonces líder conservador griego, Constantino Michotakis, lograron en mayo de 1993 que el líder serbobosnio Radovan Karadzic firmara en Atenas la paz.
Los pretorianos de Karadzic desautorizaron después ese acuerdo, pero Milosevic intentó eludir su responsabilidad en las atrocidades que cometieron los serbobosnios contra los secesionistas musulmanes aduciendo que él no estuvo ya de acuerdo y que les cerró la frontera imponiendo un bloqueo.
Antes de la muerte de Milosevic, el principal desafío del TPI era la captura de Radovan Karadzic y Ratko Mladic, los dos prófugos más buscados por este tribunal internacional, acusados de ser los presuntos ejecutores en Bosnia de los planes de Milosevic para crear una “Gran Serbia”. Se esperaba que sus testimonios fueran decisivos para probar que el ex dictador fue el instigador de los abusos cometidos contra las poblaciones civiles en los tres conflictos balcánicos. Aún no han sido arrestados.
Por SONIA APARICIO
Slobodan Milosevic fue el primer ex jefe de Estado que compareció ante un tribunal internacional, una ocasión que mereció que el desarrollo del proceso se siguiera paso a paso a través de Internet.
La web de la ONU recoge todos los detalles del procedimiento abierto contra el ex dictador yugoslavo ante el TPIY. Una hoja informativa resume el caso IT-02-54, que acusaba a Milosevic de numerosas atrocidades cometidas en los conflictos balcánicos de Kosovo, Croacia y Bosnia Herzegovina en la década de los 90. Además, una cámara en vivo, con una imagen que se actualizaba cada 60 segundos, mostraba en diferido (con sólo 30 minutos de diferencia) lo que ocurría cada día en la Sala 1 del alto tribunal de La Haya.
La organización de defensa de los derechos humanos Human Right Watch ofrece un resumen de la acusación y una sección dedicada íntegramente al caso, que incluye todo tipo de información y artículos sobre el tema: desde el desarrollo de los acontecimientos en los Balcanes hasta la responsabilidad de Milosevic como cabeza de la cadena de mando.
Pero mientras Milosevic se sentaba en el banquillo, muchos otros criminales de guerra tienencuentas pendientes con la justicia internacional. El TPIY ofrece una lista de 74 acusados(además de Dusko Jovanovic), de los que 56 se encuentran actualmente en proceso de comparecencia: 51 detenidos (dos de ellos esperando a ser transferidos a La Haya) y 7 en libertad provisional. Por el momento, los 17 restantes están en paradero desconocido.